A ratos, se me antoja ser una pequeña gota de lluvia. En caída libre con mis hermanas, que son idénticas a mí, voy en un vuelo directo hacia la tierra. Me afincaría en pequeñas hojas verdes, blancas u hojas comidas por las cenizas de los incendios. Me gustaría parar en la cabeza de un animal, o en el huevo desprotegido de un gorrión.
Recorrería una parte de este mundo para ir a detenerme en el mar, o en un río. Y volver a la esencia de todo [...]
Crónica de un suicida, capítulo primero
Hace unos días(semanas) Fran me cogió de la mano y me lo explicó de una forma parecida a esta: "Encontré mi justificación vital en el ejercicio físico y en lo que estoy haciendo como delegado, en mi inmersión política".
Pensando y repensando llego a pocos sitios, y mas bien son callejas sin una salida. ¿Cuál es mi justificación vital? ¿Qué me empuja a levantarme cada día? ¿Cuál es el sentido de mi vida? Son las preguntas que se ha hecho el hombre siempre, es más, a veces no se las ha contestado, porque, como yo, llegó a caminos cortados y con la carretera roída por las inclemencias del tiempo.
Buceando en la conciencia siempre pensé que el amor, puro, era lo único que justificaba mi existencia, mi vida y mi ser. Pero es todo tan relativo que dudo de que esta sea la respuesta. Elige una causa, enamórate, escribe un libro, esta cita es de la película de John Carter, una cinta no demasiado buena. Pero no tiene que ser una genialidad para que me haga pensar.
El vacío que siento desde hace unos años creí que había surgido de la separación de mi pareja, de la muerte de la carrera de periodismo pero no concuerdan las emociones. ¿Es algo suficiente el amor como para hacer que mi vida siga? Me duele pensar que no, ¿entonces? ¿Respirar, vivir, comer, dormir?
Elige una causa, elige una causa, elige una causa, elige una MALDITA causa. ¿Qué causa? Todas me dejan mentalmente obtuso o ni siquiera me llaman la atención. ¿De dónde provengo que no estoy conforme o agusto con nada? No quiero tener que llamarme nihilista, pero ¿dónde me agarro? Preguntas sin respuesta hacen que mi habitación sea muy pequeña, muy muy pequeña.
Me encanta el sexo, ¿a quién no? Pero no lo concibo como la simple relación sexual en la que placer se da por placer, en la que se intercambian besos por caricias, en la que se truecan abrazos por gemidos, en la se comprende el movimiento y el dinamismo como razones creativas.
No, es algo mas que eso, para mí es un acto profundo de intimación donde conocer a la otra persona en su esfera mas primigenia, en la parte mas sensible de su ser y por lo tanto la parte que mas se puede dañar o querer. Consiste en un acto tan ligado a lo animal como a la esencia del hombre. Por esto me parece una crueldad desestimar su verdadero valor, aunque claro, soy de los que subestiman la vida humana, quizá a veces sea contradictorio.
No concibo el follar o el fornicio como algo sin un sentido, ya que el hombre es un animal simbólico, qué cojones, pongámosle sentido a uno de los mayores placeres de la vida. Amarse físicamente es tan plácido y tierno, te hace ser tan completo por unos minutos, por unas horas, o por unos momentos. Cuando se vuelve algo contrario a su razón de ser con respecto al contexto en que se practica: es decir no es lo mismo hacer el amor buscando la concepción que buscando el placer, por ejemplo.
Quizá no tenga un historial de cama tan largo como muchísima gente a mi edad (de cualquier condición), pero no he dudado ni un momento en que lo que he hecho lo he dsifrutado tan al máximo como he podido. Es entonces donde puedo decir, que lo que he elegido hacer lo he hecho con la convicción y el placer, no me dejé arrastrar por el instinto mas que para poder consumar el acto de principio a final.
Amad, haced y disfrutad el deleite de cada pizca de vuestros cuerpos
- Me ha dolido que me diga esas cosas, tú que me conoces mejor que yo mismo, ¿me dirás qué debo hacer? ¿Cómo debo actuar? - dijo una voz.
- ¿Recuerdas que a veces me haces promesas y te obligas a no cumplirlas? - dijo la misma voz.
- Lo sé, pero es que el camino que escoges para mí es vacío de amor, frío, de soledad, también puede ser de tranquilidad. Yo quiero otro camino, de emociones, de pasión, de lo mejor y lo peor del hombre, vivido todo intensamente.
- ¿Qué me vas a contar que no sepa? Pero no vales para ello, eres torpe para casi todo, rompes muchas de las cosas que tocas. Eres genial en darle un toque a algo, pero sabes muy bien que debes alejarte de lo que arreglas, ilustras y esas cosas. Eres el perfecto individuo que recoloca una sonrisa, eres un paño de lágrimas siempre inmaculado, una oreja que no se cansa de escuchar, eres unas manos que siempre están dispuestas, eres el que regala el mejor chocolate y elige las mejores letras para los peores momentos. Pero eso lo tienes que hacer solo.
- Ansío que no sea solo, ¡se me rompe algo dentro si pienso en encontrarme vagando! ¡No le encuentro el sentido!
- Vas a tener que hacer como en otras épocas de tu vida, en septiembre de 2011 lo hablamos bastante rato, ¿no te acuerdas? Primero resignate a pensar que van a cambiar los besos o los pensamientos, luego haz una vida ordenada, estudia, ve al gimnasio y ten una vida normal, sin sobresalir en ningún punto. Sin molestar a nadie, acude solo cuando seas llamado. Todo será mas llevadero. Quizá cuando seas viejo no tengas a nadie, pero bueno, estábamos dispuestos a retirarnos del mundo en esa época desde hace muchos años, lo pactamos ¿no?
- Desdichado, pues claro que sí. Es frustrante pasar dejar las oportunidades, pero es mas frustrante tener que dejar pasar a las personas, ya me dí cuenta cuando murieron algunos de mis amigos, algunos familiares; cuando otra persona te mata de por vida, y vives en el exilio emocional, eso tiene un nombre: la muerte terrena. Eso me atormenta, realmente es ...
- ¿Te parece eso? Creo que te preocupas mas por hacer ver a una parte del mundo que no eres como te pintan, eso de verdad te asusta. No quieres para nada perder a alguien, pero que su idea sobre ti sea equivocada por un malentendido, eso te da pavor. Ya te conozco.
- Creo que sí, que es eso. ¿Qué hago, entonces?
- Resígnate, querido amigo, aquí estoy yo, tu oído, tus manos, tu chocolate, tus letras, tu paño de lágrimas, tu sonrisa. No desprecies a nadie, ni odies, nunca prometimos hacerlo. Mira hacia tu enterrador con los ojos empañados, perdónale y camina a la frontera con la cabeza alta.
Era ya entrada la tarde, alrededor de las ocho. La tienda estaba llena y la cola para caja era enorme. Cuatro de nosotros antendíamos a los clientes, les cobrábamos la compra y seguíamos una y otra vez. Ese mismo día una promoción nueva nos hacía tardar el doble en el procedimiento de cobro.
Tras una o dos horas de mucho estrés y nervios, la cola acabó y varios clientes desperdigados por el local miraban, ojeaban y oteaban. Alguno hablaba por el móvil con un papel arrugado que se intuía la lista de la compra, otro venía a por el pan para la cena, a otro le faltaba una bebida energética para empezar la noche, y así uno tras otro, historia tras historia.
Entonces tres hermanos llegaron, lo recuerdo perfectamente, no sabría decir muy bien qué edades tendrían, ni siquiera podía apenas distinguir su sexo. Sabía que eran hermanos por la familiaridad de los rostros, las orejas y la mirada de cada uno. El que o la que parecía mayor me pidió disculpas por tardar en contestar a mi grito de siguiente. Traían pan y yogures, no querían bolsa y no querían el producto complementario que se ofrece antes de cerrar la compra.
Hasta este momento fue todo normal, unos clientes mas, pero entonces aparté mi vista de la compra que manipulaba y pasaba por el lector de códigos, entonces lo que habían sido detalles insignificantes pasaron a cobrar una extraordinaria dimensión. La hermana que me pagaba parecía la mayor y mas responsable de los tres que venían, tenía una seguridad y unos gestos directos que te hacían mantenerte alerta ante lo que pudiera decir, intimidaba.
Iba agarrando a su hermano pequeño, que con mirada desviada se comía la tienda entera con los ojos, su cerebro en construcción captaba la multitud de colores, letras, luces y productos y se perdía por completo. Chupaba el dedo gordo e iba muy bien abrigado, al igual que su hermana mayor.
Por último, el hermano que quedaba me impactó, tremendamente. Sentí un tanto el síndrome de Stendhal, me quedé pensativo y creo que se dio cuenta, pues no aparté los ojos de él. Su aspecto físico era singular, parecía un kurós, esas estatuas griegas que a mi me recuerdan la conjunción entre la belleza femenina y la musculatura masculina, pero apenas alcanzaba la mayoría de edad. Su visión fue de luz, recordé las historias que había leído sobre aprendices y maestros, sobre hombre y hombre. Entonces comprendí cómo se podía amar físicamente al mismo sexo, solo hacía falta la visión idónea.
Los ojos del joven kurós destellaban un brillo especial, y cuando se dio cuenta de mi ensimismamiento sonrió, se ruborizó y miró a su hermana que me miraba sonriendo también. Sonreí y les mostré el precio de la compra, conforme la segura hermana me tiende el dinero. Rozan mano y guante, por un momento creí en los ángeles.
Adiós, bello kurós.
Si provienen de una fuente física (objeto, sujeto), cortar por lo sano la relación de cualquier forma. Apúntese la mejor de las formas utilizadas: sin móvil o internet en el caso de un sujeto. Si hablamos de un objeto, con obviar su presencia es suficiente.
Sobre el nerviosismo y la simplicidad de repensarlo hasta la saciedad. Solamente apuntaremos que para resolver este problema de la mente y el cerebro traicioneros, deberíamos coger unos buenos zapatos y bailar hasta romper el piso. Metáforas aparte, dedícate a otras cosas y no les de mas importancia a lo que no lo tiene.
Si el problema insiste y se convierte en emoción puedes optar por salir a correr un rato, proponerte una de esas tareas que nunca llevas a cabo (recoger el cuarto, hacer deberes) y completarlas hasta ordenarla. Si te sientes con resaca emotiva tras esto vuelve a desordenar lo ordenado.
Si el problema proviene de una una fuente inmaterial (sentimiento, emoción, dolor, etc.) puedes probar la manera mas antigua de solucionar un problema: dormir. Si no te vale con esta intenta descubrir y reflexionar sobre lo que te pasa, es fácil solo tienes que sumergirte en la piscina que estás rodeando constantemente. No te pongas bañador ni gafas de buceo, que sea lo que tenga que ser.
Tras salir de este chapuzón podrás ver algo mas claro, si no es así es que no has probado la profundidad de la piscina, recuerda que no hace falta un equipo de buceo para profundidades mentales.
El problema no consiste en estar demasiado cerca del problema que te fastidia e irrita, el problema es que no acabe. Cuando el pensamiento falle, y la solución no sea una que puedas optar por coger acude a la mano de la paciencia.
Muy afectuoso, y a veces no tanto, yo:
Te escribo estas letras para que comprendas en retrospectiva algunas inconveniencias, placeres, desvaríos, pitopausias y lamentos vacuos que tuviste y de los cuales no te acordarás. Si el río suena, agua lleva, y esto es un caudal que a fuerza de empañarse de negro al final mira, se convierte en tinta para ti. No desprecies en primer lugar tus abstracciones pasadas, pues te llevarán a un hondo conocimiento de lo que pensabas y te pueden transportar, como una foto, a colinas o al abismo. Viaja por las reflexiones que ya hiciste, no olvides nunca de donde vienes pero sumérgete de lleno en el mar para conocer una y otra vez, diferentes situaciones.
No des nada por sentado, ni siquiera las cuestiones biológicas, sé crítico y escéptico hasta la saciedad, por esas veces en las que te han reprochado el pensar demasiado. Es algo innato y muy natural de ti mismo, ¿por qué, sin más, rechazarte? No, eso fue en otro tiempo.
Recuerda que mirarte al espejo es casi tan bueno como mirar por una ventana, ámate y disfruta dándote lo que te pide el cuerpo, aunque cuidado con los excesos (recuerdas estos precisos días, desde finales de noviembre hasta hoy mismo, recuerden recuerden...), la tranquilidad es una buena aliada para ti, duerme la siesta sin preocuparte de tener que mirar el calendario cuando te levantes. El estrés nunca te llevó a buen puerto; por dios, ¡déjate llevar! A veces te vendrá bien, pero cuando haya que ser duro como una roca e inmutable, que seas la mas milenaria y arraigada.
Cuando empieces a babear por una mujer recuerda Ya lo creo, y tras esto acuérdate de Te lo aseguro, no merece la pena. El premio eres tú, no ellas. Podrán compartir tu camino en algún momento, y serán compañeras, pero el camino es por completo tuyo y debe seguir siéndolo hasta el fin.
Muere cada noche y resucita cada mañana.
Besa con intensidad.
Habla con picardía.
Rebate mentalmente y cállate un poco de vez en cuando.
Come menos porquerías y bebe mas agua (esta última de parte de tu riñón y medio).
No leas nunca bajo coacción femenina o masculina (sobretodo la primera).
Fúmate algún willy de vez en cuando.
Sigue con el deporte, aunque sea un día a la semana, no te quedes quieto.
Atrévete a fotografiar.
Escribe poesías a mujeres que ni conoces.
No busques cosas que te hagan feliz, disfruta lo que venga.
Vive, no mas, pasa de pensar que hay maneras de vivir.
Te quiere, José Antonio (21 años)
Capítulo 15
"Nunca aprenderá que los asuntos mas graves pueden depender de los detalles nimios"
Era ya entrada la tarde, en invierno, lo que nos lleva a contemplar un paisaje ya nocturno y frío, una mirada de farolas encendidas, de peatones abrigados y parejas muy juntas. Unas postales de besos y vaho, o el humo de cigarrillos que se pierde junto a las toxinas de los tubos de escape.
La ciudad era cualquiera, abarrotada por adictos a las compras, por yonkis con el síndrome de la oferta y la rebaja, era sin duda una ciudad inhóspita. Simón caminaba y temblaba bajo poca ropa, no se dirigía a ninguna parte en concreto porque él no camina con un fin, debido a que le falta sensatez para encontrarlo. Él necesitaba caminar, andar, correr y a veces todo esto tenía la firma de los cobardes, pues parecían huídas de quién sabe donde o de quién sabe qué.
Enfundados los guantes y el abrigo ligero, las vías se abrían paso a sus botines. Un cuaderno de notas, un libro de un autor muerto un año después de su nacimiento, unos cascos y música desvencijada de tanto escucharla.
Simón está harto de lo que ve, tiene trabajo, una familia que le quiere, goza de salud, de amigos por todas partes, tiene coche y ha conseguido ser valiente en algunas facetas de su vida. Pero Simón busca algo que no sabe qué es exactamente, hubo un tiempo en que lo confundía con amor o con una relación íntima con una mujer pero debido a sus múltiples fracasos ha llegado a la conclusión que tiene que ser otra cosa.
Él se fija en las docenas de parejas que se encuentra, piensa que sobreviven escudados en la otra persona y que el miedo que sienten hacia el mundo se vuelve mas soportable con otro miedica que pueda compartirlo. Por un lado les envidia, esa noche llegarán a casa y se podrán abrazar, lamentar o amar; por otro lado les odia pues no son capaces de salir de la burbuja de buscar lo que en cada uno mismo pueden encontrar.
Pero Simón no piensa demasiado en esto, es mas fuerte ya y ha llegado a otro nivel de existencia. Simón se siente solitario perro, lobo de calle y asfalto, de candiles y puros, o de iPods y sistemas Android.
Simón solamente quiere un trago esta noche, o varios tragos, una calada fuerte o varias caladas suaves, un lugar donde sentarse y poder pensar y leer con tranquilidad. Ya no quiere camas abrigadas, o películas y palomitas acompañado. Simón busca el yermo, y quiere crear su propio oasis.
- ¿Dónde has estado toda la tarde?
- Paseando por la ciudad.
-¿Por qué haces eso tio?
-Paseando al lado de carcasas secas, me siento solo y mas tranquilo, incluso mas lleno existencialmente hablando.
Simón mira con dureza a los desconocidos, su cortesía raya en la frialdad. Simón necesita estar absorto en sí mismo, pero cada dos por tres necesita mirar su móvil con conexión a internet para ver si ha recibido un mensaje y cada vez que lo hace se insulta a sí mismo, piensa que está de capa caída, buscando ayuda que en realidad no necesita.
Sus dedos teclean sin consciencia propia, y buscan como Simón lo hace, pero para este el método de sus dedos insumisos es superficial y baldío. A veces estos teclean números de teléfono que en el pasado ayudaron, buscan voces amigas que te digan: todo va a salir bien. Simón se odia por esto, quiere ser un individualista íntegro, un ser independiente de toda la sociedad. Se llega a crear ideas donde es un marginado y excluido, y se relame al pensar en ello.
Simón quiere volar, porque volar le puede llevar a algún sitio lejano y rápidamente. Pero Simón ya no tiene alas, solo conserva dos muñones negros y carcomidos de lo que en otro tiempo fueron magníficos miembros de plumaje blanco.
Simón a veces, sueña con darse un tiro. Pero a pesar de todo, sigue caminando y buscando por las calles, algo que no sabe qué es, algo que no encuentra.
Ayer por la noche me entró la nostalgia de irme a viejos tiempos, a recuerdos vivos y otras etapas de la vida. Por eso cogí el móvil y llamé a alguien para verle, para sentir qué me decía, para ver si le había crecido el pelo que una vez le ví cortarse a cero por amor.
O quizá ¿busqué algo a parte de todo esto? Creo que sí, cuando a la vuelta, ya rumbo de mi casa pensaba qué sentía llegué a la conclusión que dejé de ver a esta persona porque despertaba en mí los instintos mas primigenios de mi humanidad, o mi condición de animal civilizado, pero animal. Cuando le veo siento deseos de campo y llanura, de correr y pelear, de cazar y matar, de desoir cuanto no venga del lamento del viento o de la vitalidad del agua.
Le veo y pienso en las pasiones mas monstruosas, las del odio extremo, las del amor enfermizo, las de la locura transitoria y provocada. Veo ketamina y yerba, veo jumar. ¿Será esto por lo que tuve que dejar de ir a verle? ¿Por qué me provoca estos sentimientos tan salvajes y fieros?
Me acosté tarde y de madrugada, preparando el día de mañana para que todo saliera a la perfección, o al menos para que dentro de una organización hubiera hueco para baches y destiempos.
La carta era muy breve pues así lo quería yo, en ese brevedad quería plasmar la intensidad de mis sentimientos, y creo todavía que no lo plasmé todo pues ¿quién es capaz de plasmar un solo sentimiento por entero en una carta? En mi epístola pedí perdón por lo que he hecho, y dí gracias por lo que recibí y pude hacer. Manifesté luego mis deseos mas profundos y escondidos, camuflados de máscaras muy poco trabajadas pues no quiero ocultar nada.
Firmé con un dolor en el pecho, sintiéndome mal por haber hecho daño y por otra parte llenandome la coraza por un amor que no sé ni cómo se atreve a salir así. A las cuatro acabo mi carta, meto en una caja morada todos los sobrecitos que pude reunir y añado chocolate porque es lo mejor para los malos y buenos momentos.
Me acuesto muy nervioso, hago que mi cabeza piense en sueños llenos de besos, abrazos, pieles y noches tranquilas. Me duermo.
Muy temprano me levanto y me preparo para el día, organizo en mi mesa todo lo que voy a llevarme, busco los ahorros dentro de una caja fuerte para lo que tengo que comprar y por fin me voy a duchar. Según mis planes voy tarde, pero no ocurre nada sigo con ello.
Una vez en la calle arranco el coche y voy a mi floristería preferida, dos hombres me reciben y me aconsejan sobre flores y adornos para enamorar, pero yo quiero algo sencillo y bonito, no una cosa demasiado escandalosa. Me quedo con una rosa y una especie de girasol rosa, del que no recuerdo el nombre. Un poco de lavanda, unos matojos verdes y está hecho un ramo precioso.
Necesito un guía para mi viaje, y también mas que guía un compañero que me apoye. Mi amigo baja dormido aún, con la cara de ayer te dejé tarde en tu casa y hoy me recoges temprano en la mía. Y así es, querido amigo, que un hombre enamorado no entiende de horarios ni de organizaciones. Y en un día donde debería trabajar o estudiar, o hacer cualquier otra cosa de provecho... él solo sabe escuchar lo que su corazón le dice, tú me entiendes amigo, y me permites que te robe parte de tu tiempo.
Todo lo que que quiero llevar está en el coche, mi carta, mis flores, mis tarjetas, mi caja morada, mi chocolate, mi perfume, mi ropa, mi amigo. Que en breve pasarán de ser míos, a ser tuyos. Pero esto, ya se sabe, ¿no?
El trayecto hacia tu hogar se me hace inmensamente largo, tales son mis ganas de verte por fin pues vislumbrarte solo unos instantes cada vez que nos vemos es una maldita agonía para las horas que vienen luego. Soy un caminante que con sed te busca.
Tras perdernos y reperdernos por parajes que no conocemos por fin llegamos, aparco me preparo con tres armas y un cuchillo en la espalda. Mis tres son la mejor sonrisa que tengo, las mejores ganas por hacer y el mejor amor que cultivo, el cuchillo que llevo clavado es el maldito nerviosismo que me agita la mano y el pie involuntariamente.
Tu gran casa, me parece mas enorme si cabe, tu puerta es un trozo cerrado que me ignora cuando la toco, el llamador en forma de argolla es pesado y tengo miedo. Me muerdo el labio, la mano y rebusco el filo de la caja morada para calmarme:
- ¿Quién es?
- Hola, vengo buscando a ...
- ¿De parte de quién?
- Dígale que soy ... jejeje... José Antonio
Momentos mas tarde te asomas por el balcón, tu pelo largo cae y tengo de ti una estampa preciosa. El cielo azul, sin nubes y puro de fondo, las figuras de los edificios limitan el cuadro que veo, un balcón sobresale a la izquierda y tú sales por él, mirando hacia abajo sonriente, espléndida, tus ojos brillan.
Bajas y abres la puerta...
(Lo demás de la historia, por si se esfumara, me lo quedo yo como el mejor recuerdo)